Un ataque de pánico aparece de golpe: el corazón se acelera, falta el aire y aparece la sensación de que algo terrible va a pasar. Aunque se vive como una emergencia, no es peligroso para tu cuerpo, y tiene explicación. Entenderlo es el primer paso para que deje de gobernar tu día.
Señales frecuentes
- Palpitaciones, sudor, temblor o sensación de ahogo que llegan sin aviso.
- Miedo intenso a perder el control, desmayarte o "volverte loca o loco".
- Empezar a evitar lugares o situaciones donde ya tuviste una crisis.
- Estar pendiente de tu cuerpo todo el tiempo, esperando el próximo ataque.
Cómo ayuda la terapia
En terapia trabajamos para que entiendas el círculo del pánico y dejes de interpretar las sensaciones físicas como una amenaza. Vas a aprender técnicas de respiración y regulación, y a exponerte de a poco a lo que venías evitando, a tu ritmo. Con el tiempo, los ataques pierden fuerza y frecuencia.
No tenés que aguantar esto sola o solo. Acompañarte a recuperar la sensación de seguridad es exactamente para lo que estamos.