Cuando no dormís bien, todo se vuelve más difícil: la concentración, el humor, la paciencia. Y muchas veces, cuanto más te esforzás por dormir, más te desvelás. El insomnio casi nunca es solo un problema de la noche; suele estar conectado con lo que cargás durante el día.
Señales frecuentes
- Te cuesta conciliar el sueño o te despertás varias veces sin motivo claro.
- La mente se acelera justo al apoyar la cabeza en la almohada.
- Te despertás antes de tiempo y ya no podés volver a dormir.
- Llegás al día siguiente con la sensación de no haber descansado nada.
Cómo ayuda la terapia
Trabajamos sobre los pensamientos y las preocupaciones que se activan de noche, y sobre los hábitos que sin querer alimentan el insomnio. Vas a incorporar herramientas para calmar la activación antes de dormir y para dejar de pelearte con el sueño. Cuando baja la ansiedad por dormir, el descanso suele volver solo.
Recuperar tus noches también es recuperar tus días.