Cuando perdemos a alguien, casi siempre quedan cosas sin decir. Escribir una carta es una forma de darle un lugar a esas palabras.
Una guía suave
- Buscá un momento y un lugar tranquilos, sin apuro.
- Empezá como si le hablaras: contale cómo estás, qué extrañás.
- Decile lo que no llegaste a decir: gracias, perdón, te quiero, lo que sea.
- Cerrá como sientas; podés guardarla, leerla en voz alta o no volver a abrirla.
No hay forma correcta de hacerlo. Si aparecen lágrimas, dejalas venir: son parte del proceso, no una señal de que algo anda mal.
Es un ejercicio de acompañamiento, no un tratamiento. Si el duelo se vuelve demasiado pesado, un profesional puede sostenerte mientras lo transitás.