En el país de origen, muchas veces la red de apoyo ya estaba: familia, amigos de toda la vida, vecinos. Al migrar, eso hay que volver a tejerlo, de a poco.
Por dónde empezar
- Buscá espacios de tu comunidad: iglesias, centros culturales, grupos de tu país.
- Sumate a actividades que ya te gustaban: deporte, música, voluntariado.
- Mantené el contacto con tu gente de origen, pero sin que reemplace los vínculos nuevos.
- Animate a aceptar invitaciones, aunque al principio dé un poco de vergüenza.
Construir una red lleva tiempo y está bien que así sea. No estás empezando de cero: traés toda tu historia con vos.
Si la soledad pesa mucho, un acompañamiento profesional puede ayudarte a sostener el proceso mientras armás tu nueva red.