Cuando alguien migra, suele enfocarse en lo práctico: papeles, trabajo, idioma. Pero por debajo hay algo más silencioso: el duelo migratorio.
Se extraña lo que se dejó, aunque la decisión haya sido buena. Se extrañan personas, comidas, calles, hasta el clima. Y muchas veces no hay espacio para nombrarlo.
Algo de lo que suele aparecer
- Nostalgia que llega de golpe, sin aviso.
- Sentirse "de acá y de allá" al mismo tiempo, sin pertenecer del todo.
- Culpa por estar lejos de la familia.
Todo esto es una respuesta humana a un cambio enorme. Ponerle nombre, hablarlo y darle lugar a la nostalgia es parte de echar nuevas raíces.
Hacer terapia en tu idioma, con alguien que entiende tu contexto, puede ser un gran sostén en este proceso.