Cuando el ánimo está bajo, lo último que ayuda es exigirse mucho. La idea acá es al revés: bajar tanto la vara que el primer paso se vuelva posible.
Empezá por lo mínimo
- Tomar un vaso de agua y abrir una ventana al despertar.
- Salir dos minutos a que te dé el sol o el aire.
- Mandar un mensaje a una persona de confianza, aunque sea corto.
- Hacer una sola cosa de la casa, la más chica que se te ocurra.
No se trata de hacer todo, sino de elegir una. Cada pequeño paso cuenta y nada de esto es una competencia.
Estos hábitos acompañan, pero no reemplazan la ayuda profesional. Si el malestar se sostiene en el tiempo, hablar con un terapeuta puede marcar una diferencia.